2ª PARTE

Según datos oficiales, más de 400.000 personas se vieron forzadas a dejar sus hogares. Otros muchos centenares de miles no han sido evacuados por falta de presupuesto. En general, la evacuación se realizó de forma ineficaz y con gran retraso. Así, la totalidad de la población en una franja de 30 km. alrededor de la central (la Zona de Exclusión) no fue evacuada por completo hasta el 21 de mayo de 1986.

La contaminación de Chernóbil no se extendió uniformemente por las regiones adyacentes, sino que se repartió irregularmente en forma de bolsas radiactivas (como los pétalos de una flor), dependiendo de las condiciones meteorológicas. Informes de científicos soviéticos y occidentales indican que sobre Bielorrusia se dispersó alrededor del 60% de la contaminación que cayó en la antigua Unión Soviética.

 

El incendio aumentó los efectos de la dispersión de los productos radiactivos y el calor acumulado por el grafito dio mayor magnitud al incendio y a la consiguiente dispersión de gases a la atmósfera. Hasta el día 9 de mayo, dos semanas después de la explosión, no se consiguió apagar el fuego. Las autoridades rusas tardaron tres días en

comunicarlo a la población, lo cual agravó más la situación pues quedaron contaminados los campos, los animales, la leche, el agua, etc. Y todo ello era consumido por las personas que a su vez también se contaminaban respirando el aire cargado de partículas radioactivas. Además de las zonas de Ucrania y Bielorrusia, la contaminación radiactiva alcanzó la zona europea de la Unión Soviética y en menor grado a otros países europeos aunque la nube radiactiva se detectó en todos los países europeos y en otros tan lejanos como Japón y los Estados Unidos.

El peligro no ha pasado. Más de 100 toneladas de combustible nuclear y más de 400 kilos de plutonio (material altamente radiactivo) continúan en el interior de las ruinas del reactor accidentado. Para confinarlo y evitar la liberación de más radiactividad se tuvo que realizar una construcción de acero y hormigón de 50 metros de altura: el sarcófago. Construido apresuradamente, en condiciones muy difíciles, el sarcófago sufre de una gran debilidad estructural y está ya en condiciones lamentables. Deja escapar radiactividad de forma continuada por más de 200 m2 de grietas, pero este problema es insignificante si lo comparamos con la radiactividad que se liberaría si algunas secciones del sarcófago se derrumbaran.

El sarcófago gigante que rodea el núcleo del reactor destruido se estima que contiene una tonelada de Plutonio y tendrá que permanecer intacto durante más tiempo que las pirámides de Egipto antes de que todos esos componentes se desactiven y dejen de ser mortales para el ser humano. Hoy en día en Bielorrusia hay nueve pueblos cerrados por la radiactividad y miles de personas enfermas debido a dicho desastre. Según el tipo de componentes radiactivos, éstos pueden tardar en desaparecer entre 100 y más de 1000 años. En la medida que la estructura actual del sarcófago se deteriore y aparezcan pérdidas, como ya ha ocurrido, se tendrá que reparar tantas veces como sea necesario. Precaria cárcel para un monstruo que deberá permanecer encerrado durante miles de años.

Ha pasado un cuarto de siglo de la catástrofe de Chernóbil, la cifra de muertos después de este tiempo se estima en unas 25.000 personas, y según la Organización Mundial de la Salud, el cáncer de tiroides en Bielorrusia supera en 300 veces los niveles registrados antes de la catástrofe. Expertos de todo el mundo estiman que el 80% de los menores bielorrusos están enfermos debido a la radiación, una situación que puede derivar en cáncer de tiroides, leucemia, problemas de corazón e hígado o incluso en síndrome de muerte súbita. Los niños son el sector de población más afectado y las malformaciones entre los recién nacidos se han duplicado en la última década. Según el ecólogo ruso y académico Alexei Yablokov, el número de personas afectadas durante varias generaciones llegará a los 500 millones de seres humanos. El ADN de las células germinales que transmiten la información genética fue dañado por la radiactividad, provocando que los efectos de la radiactividad pasen de generación en generación, algo que no ocurrió en Hiroshima ni Nagasaki.